40 aniversario: una celebración que es, sobretodo, un ejercicio de pensamiento colectivo

Publicat el 24 Nov, 2025

El acto de celebración de los 40 años de la Fundació reúne a expertos y activistas en una jornada que reivindica una salud mental comunitaria basada en los cuidados colectivos y los derechos humanos

El 20 de noviembre, el Hub Social BCN acogió el acto central de celebración del 40 aniversario de la Fundació Els Tres Turons, una jornada que reunió a unas 200 personas para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de la salud mental comunitaria.

El encuentro combinó discursos institucionales, una ponencia inaugural, dos mesas de debate con referentes del sector, alguna sorpresa y la proyección de algunos vídeos de la campaña 40 voces, 40 días.

Una jornada de pensamiento profundo, debate riguroso y reivindicación colectiva, el encuentro se convirtió en un espacio para revisar prácticas, cuestionar estructuras y repensar el futuro de la salud mental comunitaria. Unas 200 personas -profesionales, activistas, personas atendidas, representantes de entidades y administraciones- llenaron el auditorio en una jornada que, de principio a fin, propuso una mirada crítica y comprometida.

Bienvenida institucional: la importancia de la salud mental comunitaria

El acto se inició con las intervenciones de representantes políticos e institucionales que ubicaron el valor del modelo comunitario y el papel esencial de la Fundación.

Alfons Santos, director de la Fundación Els Tres Turons, abrió el acto recordando que la Fundación ha crecido fiel a su compromiso: «Construir salud mental desde la comunidad, con la comunidad y para la comunidad», afirmó, a la vez que destacó que, a pesar de las tensiones y los retos actuales, hay que defender los espacios de autonomía, los proyectos de vida y el acompañamiento. También puso en valor el trabajo de equipo, las alianzas y el compromiso de las personas atendidas y las familias.

Lídia Frias, directora de Serveis Territorials d’Empresa i Treball a Barcelona, ​​remarcó la relevancia de los programas de inserción laboral y el papel pionero de la Fundación al generar oportunidades de trabajo digno para personas con diagnóstico de salud mental.

Josep Tristany, director del Pla Director de Salut Mental i Addiccions, apuntó que la salud mental comunitaria es hoy un objetivo estratégico del país, pero que todavía queda mucho camino por recorrer en materia de recursos, gobernanza y coordinación interinstitucional. Tristán agradeció el papel precursor de la Fundación Els Tres Turons en la construcción de un modelo que ahora se quiere generalizar.

Anna Vila, directora general de Serveis Socials i Inclusió, destacó la aportación de la Fundación en el ámbito de los apoyos a la vida independiente y los proyectos de vínculo comunitario, subrayando que «el cuidado y el acompañamiento cotidiano son esenciales para garantizar derechos».

Marta Villanueva, regidora de Salut, Discapacitat i Estratègia contra la Soledat de l’Ajuntament de Barcelona, insistió en la necesidad de abordar la salud mental desde todos los ámbitos municipales y reconoció a la Fundació como pieza clave en el distrito.

Pilar Solanes, en representación de la Diputació de Barcelona, remarcó la mirada comunitaria como condición indispensable para transformar los sistemas de atención.

Finalmente, Marisa Rosa, presidenta de la Fundació, cerró el blog institucional agradeciendo la presencia de todas las personas y destacando que «40 años no serían posibles sin la fuerza colectiva que nos ha impulsado desde el primer día».

Ponencia inaugural: una mirada al desamparo

Tras la bienvenida institucional, la jornada entró de lleno en una reflexión exigente sobre cómo curamos y cómo cuidamos, y sobre qué significa realmente comunidad cuando hablamos de salud mental.

La intervención de José Leal Rubio, psicólogo clínico, psicoanalista, asesor y supervisor clínico e Institucional en servicios de salud mental, presentada por Judit Bellvehí, jefa de Área asistencial de la Fundación, hizo una invitación a mirar de cara a las zonas oscuras sobre las que se ha construido el sistema de cuidados.

Leal empezó hablando del desamparo no como un concepto clínico, sino como experiencia social. Explicó que gran parte del sufrimiento emocional que acompaña a las personas no es individual, sino que emerge de un entorno donde las redes de apoyo se han debilitado:

«Vivimos en sociedades que generan soledad y después nos piden que nos responsabilizamos individualmente. La soledad no es un síntoma personal: es un producto social».

A partir de esta idea, introdujo el tema de los cuidados, con datos tan impresionantes como reveladores:

«El 80% de las cuidadoras de personas con trastorno mental grave son mujeres. Y más del 88% de la atención total la sostienen las familias, en silencio».

Una cifra que removió al público, especialmente cuando insistió en el concepto de “familiarización forzada del sufrimiento”:

«A las familias se les ha asignado un rol imposible. No puede ser que el Estado delegue en las madres lo que no asume institucionalmente».

Leal también puso el dedo en la llaga en uno de los puntos más polémicos: la burocratización del sistema. La describió como un mecanismo que protege a las instituciones pero que puede alejarlas de las personas:

«La burocracia no cuida. Regula, clasifica, ordena… pero cuidar es otra cosa. Cuidar es implicarse».

Y defendió la necesidad de una ética del cuidado que sea política, comunitaria y radical:

«El cuidado no es una relación íntima, ni privada, ni sentimental. Es un pacto social. Si no repartimos la responsabilidad de cuidar, convertimos el cuidado en explotación».

Su ponencia tuvo momentos de profunda reflexión pero también de esperanza. Leal reivindicó que, cuando las comunidades se organizan, transforman el malestar en fuerza colectiva:

“Cuando una persona descubre que no está sola, el sufrimiento cambia de forma. La comunidad no cura, pero acompaña. Y esto ya es una forma de curar».

Taula rodona: «La salut mental comunitària, a revisió»

La primera mesa redonda, moderada por Marta Garcia, responsable de Acció Comunitària de la Fundació, profundizó en la crítica estructural y conceptual del modelo actual. La moderadora la abrió con una frase que sintetizaba las tensiones del campo:

«Hablamos de derechos, pero todavía hay prácticas que los vulneran. Y la vulneración de un derecho es una herida ética que no puede pasar desapercibida».

La psicóloga clínica y activista Laura Sicilia empezó señalando que una parte importante del malestar viene de las propias estructuras de poder:

«Es imposible hacer acción comunitaria real dentro de unas instituciones que todavía funcionan con lógicas verticales. Si la salud mental comunitaria no desjerarquiza, no transforma».

Sicilia reivindicó el papel de los espacios de apoyo mutuo como una de las prácticas más transformadoras:

«En los grupos de ayuda mutua no hay terapeuta y paciente. Hay personas. Y cuando esto ocurre, aparece una igualdad que es subversiva».

La pedagoga e investigadora Asun Pié reanudó el hilo de Leal para profundizar en el impacto de género:

«Si no abordamos la precarización de los cuidados, la salud mental comunitaria es una mentira. Es un traslado injusto de la responsabilidad a las mujeres».

Pié insistió en un punto que resonó mucho entre el público:

«Hablamos de cuidados, pero no hablamos de quien cuida a los cuidadores. Y sin esta pregunta no hay ética del cuidado».

El psicólogo y formador Iñaki García Maza ofreció una intervención más conceptual, cuya metáfora generó complicidad:

«Tenemos instituciones sólidas sostenidas por profesionales líquidos que atienden a sujetos gaseosos. Y así es muy difícil que las formas encajen».

Propuso entender la salud mental como una oportunidad para repensar los vínculos sociales:

«El sufrimiento es colectivo. La clínica es colectiva. Y el futuro también tendrá que serlo».

El psiquiatra David Clusa aportó la mirada más institucional pero igualmente crítica:

«No podemos hablar de salud mental comunitaria si un profesional tiene diez minutos por persona. El tiempo también es un recurso terapéutico».

Y añadió una reflexión que generó muchos asentimientos:

«Estamos creando plazas porque cuadran presupuestos, no porque responden a necesidades reales. Esto no es política pública: es gestión administrativa».

Una acción artística inesperada

La mesa se cerró con una intervención sorpresa de Teatro de Pacotilla. Cantando y bailando, levantaron a todos de la silla con una acción que recordaba que la comunidad también se construye con alegría, complicidad y cuerpo.

Mesa redonda: «Con quién y cómo construïmos salud mental colectiva»

Moderada por Joan Gubern, responsable de vinculación con el territorio de la Fundació, la segunda mesa propuso menos diagnóstico y más propuesta.

La pedagoga Roser Batlle fue directa a lo que considera esencial:

«Una comunidad que no hace cosas juntas no puede cuidarse. La comunitaria no se decreta: se practica».

Batlle defendió el aprendizaje servicio como metodología para crear vínculos reales y transformadores.

La directora d’ECAS, Mariona Puigdellívol, aportó una lectura política:

«No habrá salud mental comunitaria sin reducir desigualdades. Es imposible. Las desigualdades son un factor de riesgo de primer orden».

Puigdellívol insistió en que la salud mental comunitaria es también una lucha por políticas sociales justas.

La directora teatral i cofundadora de L’Altre Festival, Beatriz Liebe, hizo vibrar la sala con un discurso claro y sensible:

«Cuando la gente hace teatro junta, desaparecen las etiquetas. Las personas aparecen. El arte hace posible lo que las instituciones no saben hacer».

La escritora y activista Marisa Rando ofreció una intervención que emocionó a las personas asistentes:

«La salud mental comunitaria comienza cuando alguien te escucha sin querer arreglarte. Cuando no eres un diagnóstico, sino alguien con quien se habla de tú a tú».

40 años de memoria y territorio

Antes de la proyección de los vídeos de 40 veus, 40 dies, Alexandra Lara, trabajadora histórica de la Fundació, hizo un parlamento que cautivó a la sala. Habló de los inicios, de la precariedad, de las primeras familias y de los primeros jóvenes:

«Éramos cuatro gatos y muchas ganas. Pero teníamos claro que la salud mental debía estar en el barrio, no entre cuatro paredes».

Reivindicó a la comunidad como el centro de la práctica:

«Sin el barrio no habríamos llegado hasta aquí. La Fundación es la gente. Y esto no cambiará».

Su intervención introdujo la proyección de una selección de los testigos del proyecto 40 veus, 40 dies, que conmovieron al público.

Un futuro que se construye en comunidad

La presidenta de la Fundació, Marisa Rosa, cerró la jornada con un discurso que combinó agradecimiento, memoria y visión de futuro.

Recordó que la entidad nació como una respuesta comunitaria a una necesidad real, y que cuarenta años después esta necesidad sigue vigente. Remarcó que la Fundación defiende «una salud mental comunitaria real, no cosmética», y que el modelo que vendrá deberá ser aún más colaborativo:

«Celebramos 40 años para recordarnos que el futuro de la salud mental no es individual. Es colectivo. Y se construye desde el cuidado mutuo, la dignidad y la defensa radical de los derechos humanos».

El acto se cerró con un largo aplauso que simbolizaba no sólo un cumpleaños, sino la continuidad de una lucha compartida.

El acto contó con la intervención en directo durante todo el acto de la ilustradora Vicky Cuello -que podéis ver aquí– y con el servicio de subtitulación de Subtil.

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