Con motivo de la celebración del Día Mundial de la Salud Mental 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS), quiere situar el foco en la salud mental infantil y juvenil, señalando la infancia y la adolescencia como períodos críticos para el desarrollo y destacando cómo las experiencias en los primeros años tienen efectos duraderos en la edad adulta, alterando potencialmente la trayectoria de vida de una persona (UNICEF y OMS, 2024).
Los conflictos y la pobreza aumentan significativamente el riesgo de desarrollar problemas de salud mental (UNICEF, 2024). Además, cuanto mayor es el número de factores de riesgo a los que se enfrentan niños, niñas y adolescentes, más profundo es el impacto potencial en su salud mental (OMS, 2025).
En un mundo desigual, en situación de crisis ecológica y ambiental, con conflictos geopolíticos armados y graves crisis humanitarias que evidencian el poco valor que el actual sistema otorga a la vida, con el resurgimiento y legitimación de discursos de odio hacia la diversidad y los derechos, urge pensar un marco de relaciones que asuma la interdependencia a todos los niveles de los habitantes del planeta, para garantizar el futuro de la infancia y del mundo tal y como lo hemos conocido.
La salud mental, atravesada por estas situaciones macro y por desigualdades estructurales como la clase social, el género, la edad, la orientación sexual y/o el lugar de origen, requiere este nuevo marco para dar respuesta a la necesidad de vinculación, sostenimiento, derechos humanos y sociales que necesitamos las personas y, especialmente la infancia, para vivir dignamente y con bienestar.
Desde esta premisa, queremos mirar hacia otros momentos históricos en los que el hecho colectivo generó el acceso a derechos fundamentales e impulsó la construcción de espacios de atención a las personas con dificultades en salud mental enmarcadas en la defensa de los derechos de ciudadanía y de los derechos humanos
Queremos reivindicar, en el momento actual, comunidades capaces de organizarse y hacer frente a los condicionantes que imposibilitan que muchas personas puedan vivir con un mínimo bienestar. Comunidades sensibles y atentas a las distintas necesidades del entorno, comprometidas con la justicia social, con la lucha contra las desigualdades y con la defensa de la paz global. Comunidades amorosas y fuertes para poder defender los derechos de las personas, también desde los servicios de atención a la salud mental.
Nos jugamos la salud mental y el futuro.





